jul 14 2010
La innovación en acuicultura no se compra con dinero, aunque ayuda
El Gobierno central mostró su intención a principios de julio de movilizar 6.000 millones de euros de inversión privada en I+D, una medida que será capaz, según las previsiones del Ejecutivo de crear medio millón de empleos de media y alta tecnología, y duplicar el número de empresas que hacen innovación para colocar a España en 2015 en el noveno puesto de la innovación mundial y contribuir así al cambio de modelo productivo.
Sin duda es una buena oportunidad para que España abandone la economía del ladrillo, el turismo barato, y el ensamblaje de coches, que han dado mucho empleo, pero que es y será insuficiente para que lo sigan generando en el futuro. Ahora y desde hace ya algunas décadas los países que dentro de Europa quieran mantener el nivel de bienestar deberán centrarse en generar conocimiento y empresas preparadas para un futuro más competitivo en otras materias.
Dentro del sector pesquero, la acuicultura está desarrollando un proceso innovador sin precedentes, estamos a la vanguardia de la cría de peces y mariscos, y ocupamos un lugar relevante dentro del marco Europeo en este sector.
Contamos con un abultado número de instituciones dedicadas a la investigación acuícola, que en ocasiones quizá duplican esfuerzos. Después de Noruega (un país que nos aventaja notablemente en producción industrial acuícola e innovación) posiblemente somos de los países del Continente con mayor número de científicos dedicados a la acuicultura, si se compara por valor de producción. El resultado en algunos casos es bueno, en otros no tanto.
En general, ocupamos el ranking número 19 internacional en innovación; no obstante la acuicultura posiblemente ya haya escalado algunos de esos 10 puestos que ansía el Gobierno de Zapatero. La labor en este caso sería más fácil, solamente habría que mantener el nivel, provocando una transferencia tecnológica efectiva y útil.
No obstante para que la acuicultura siga manteniendo este nivel, sea capaz de formar parte de aquellas empresas que hagan cambiar este país, se suba al tren de la innovación, y sea algo más conocido que por ganar un mundial de fútbol (algo que nos ha hecho felices a todos), hará falta algo más que dinero… Hará falta voluntad política para desburocratizar, descanonizar, y deslindar. Hoy en día algo que se ve muy lejos de que suceda, se oye la voluntad, pero no se ve.
Hasta ahora, todo se pone en contra del sector. Los trámites ahogan las expectativas empresariales, son necesarios muchos años para poder poner tu proyecto en marcha, no existen ubicaciones, y cuando se encuentra una, pasan años antes de que se pueda poner la primera piedra. En numerosas ocasiones los sacrificios no compensan, ya que es un sector con una fuerte incertidumbre científica y de alto riesgo empresarial, es necesario un apoyo real.
La innovación privada no llegará al sector mientras se mantenga la presión que existe sobre las empresas, teniendo que competir con productores de países terceros, por un producto de bajo coste, de dudosa salubridad, sin trazabilidad, ni correcta denominación científica, ni comercial.
La acuicultura es un fenómeno de crecimiento mundial, prácticamente todos los países del mundo en mayor o menor medida están apostando por esta industria. La FAO, entre otras muchas organizaciones mundiales recomienda su impulso. España y sus empresas podrían jugar un rol muy importante, y mantenerse en un lugar de privilegio, sumandose al desarrollo del país.
La innovación que se genere en este sector, servirá no solo para producir más y mejor, sino también para convertirnos en un país con empresas de proyección internacional.
Al igual que el amor, la innovación en acuicultura no se compra con dinero, sino dando el “sí quiero” ayudar de verdad al sector. ¿Ustedes que opinan?
Es difícil añadir algo más a este excelente artículo, cuanta razón lleva, mis felicitaciones ya que es imposible no estar de acuerdo.
Saludos
En primer lugar mi felicitación por el valiente planteamiento del artículo, pues expone algunos de los problemas de la innovación en España, pero dicho esto me gustaría matizar algunas de las cuestiones planteadas.
Entrando en materia, creo sinceramente que existe un error general de concepto, pues la innovación, intrínsecamente no necesita riqueza, los fondos públicos son necesarios para la investigación, ya que ésta “convierte riqueza en conocimiento”, pero el fin de la innovación es el contrario “convertir conocimiento en riqueza”, aunque evidentemente se necesita algo de riqueza para el proceso, por lo que la innovación sería un “proceso en el que se convierte conocimiento y riqueza en más riqueza”. En este punto, es necesario aclarar que la innovación la deben realizar mayoritariamente las empresas generando nuevas ideas de negocio en base al conocimiento existente. Por tanto, la existencia de muchos investigadores no garantiza la innovación, sino garantiza el conocimiento, y es a partir de éste cuando los emprendedores pueden innovar, aunque evidentemente existen términos intermedios como la transferencia tecnológica.
Para que una empresa pueda innovar, además de conocimiento y de voluntad innovadora (que comentaré después), debe haber un entorno favorable, entorno que crea la sociedad en su conjunto y la administración en particular. Actualmente la situación de “triple crisis” no parece ser la más adecuada para la innovación, pero como dicen algunos autores es posible que en el futuro la situación normal sea la de crisis, por lo que no hay mas remedio que aplicarse a la innovación aunque la situación no sea la idónea ¿Tres crisis? Si, pues además de la crisis financiera mundial, en España se superpone una crisis de “competitividad “ (nuestros costes de producción son 4-10% superiores a la media de los países del Mediterráneo según reciente informe de la FAO) y otra de “valores” que se deben superar psicológicamente para poder innovar. Hay que recuperar el valor estratégico del sector primario, ya lo decía Séneca, “la agricultura (y yo incluyo también a la producción animal y a la acuicultura) es la ocupación más digna del hombre”. Para paliar la crisis financiera innovando (y mejorando la competitividad), la administración dispone de mecanismos que ayudan a obtener financiación, pero hay que mejorarlos y utilizarlos.
En general, podríamos acusar a la Administración de excesiva burocracia, de escasa agilidad, de mucha presión, de poco apoyo, etc, pero lo cierto es que la situación es la que es, y cuando algunas empresas tienen problemas son adquiridas por grupos extranjeros que sí ven oportunidades de negocio, evidentemente con otros esquemas empresariales. Por ello, no podemos esperar a que se relaje la presión sobre las empresas, pues es posible que esta presión sea la situación normal en el futuro, hay que buscar nuevas oportunidades de negocio, es decir ¡hay que innovar! ¡es cuestión de supervivencia!
Para ello, hay dos cuestiones claves, la Empresa debe tener voluntar de innovar y la Administración debe crear ilusión, pues doy por supuesto que los Investigadores estamos creando conocimiento (aunque no siempre totalmente aplicable). En el caso de la acuicultura española, desde todos los ámbitos se dice que es un sector importante, que somos los primeros productores de la UE (en cantidad, pero no en valor), y que tiene mucho futuro (pero hace unos días, la Administración ha corregido en un 30% a la baja las previsiones de producción acuícola marina para el 2015), pero ello no se ve materializado en realidades (otros países nos superan en producciones y en competitividad, aunque hay que reconocer que no siempre es leal). Sería bueno que se considerara a la acuicultura como un sector estratégico, y que se produzca un “pacto de estado” ente los tres actores principales – empresa, ciencia y administración – para potenciar su desarrollo y lograr que en breve sea un sector de presente y no de futuro.
Volviendo al artículo, es cierto que somos muchos investigadores en el sector acuícola, y que existe cierta desconexión, pero esto es inherente al propio investigador, que se centra en investigar lo que más le gusta, en lo más útil para hacer curriculum, o en aquello que le financian, y quizás sea necesario que alguien nos lleve por el “buen camino”. No obstante, también hay que reconocer que la calidad de la investigación acuícola española es muy alta, se participa en proyectos internacionales de algo nivel y se publica en las mejores revistas científicas del mundo, pero no es suficiente, para ayudar al sector productivo, es necesario que parte de la investigación sea “aplicada o finalista” de forma que pueda haber una transferencia tecnológica adecuada (pero esto ¡todavía no es innovación!).
Para ello, lo primero es establecer las necesidades tecnológicas, detectar los problemas productivos del sector e intentar buscar soluciones, y este es el objetivo final de la Plataforma Técnica Española de la Pesca y la Acuicultura (PTEPA), en la que el Grupo de Trabajo de Acuicultura esta intentado concretar dichas prioridades, aunque según mi opinión sería necesaria una mayor participación de las empresas de producción. Hay que establecer las actuaciones prioritarias que pueden mejorar la competitividad del sector (por ejemplo, conseguir que la dorada alcance los 500 gramos en 12 meses con un índice de conversión de 1,5) y dirigir toda la investigación hacia este objetivo (genética, reproducción, nutrición y fabricación de piensos, etc).
Una vez identificadas las distintas necesidades tecnológicas (estimación de biomasa, transformación de productos, especies de rápido crecimiento, métodos de sacrificio, etc), se deben priorizar según el impacto económico final (¿cuál sería el beneficio empresarial de una dorada que crezca en 12 meses y convierta a 1.5? según mis estimaciones se ahorraría en torno a 0,5 €/kg), después destinar fondos para las seleccionadas, y organizar a los diferentes grupos de investigación para acometer las diferentes líneas del proyecto. Creo sinceramente que con este planteamiento podemos hacer que nuestra acuicultura sea mucho más competitiva.
Este aspecto de la “investigación más desarrollo” (la I+D) o de la “transferencia tecnológica” está claro, pero la innovación es otra cosa, pues no dispone de método, hay que innovar en cada caso según las circunstancias. Para ello, alguien debe conjugar el conocimiento existente y la realidad empresarial, para buscar nuevas oportunidades aplicando dicho conocimiento a la mejora de los procesos de la empresa. Este tema es delicado, pues los investigadores somos conscientes del conocimiento que existe, pues en parte lo generamos, pero no conocemos la problemática empresarial, y por otra parte, los empresarios y los técnicos conocen la empresa, pero no controlan todo el conocimiento existente, por lo que hemos llegado a la paradoja de la disfunción ciencia-empresa que se plantea reiteradamente en todos los foros.
Para salir de la encrucijada no queda más remedio que 1) la empresa contrate científicos en plantilla para que aplicando el conocimiento científico se pueda generar innovación, 2) los científicos creen empresas para innovar (solo posible en sub-sectores muy tecnológicos) y 3) la administración fomente la estancia de científicos en las empresas para conocer la problemática real y pueda transferir conocimiento y hacer efectiva la innovación (hay algunos tibios intentos en alguna convocatoria, pero no resultan demasiado atractivos).
Creo que la tercera opción es la ideal, pues pone a la “Triple Hélice” a trabajar conjuntamente. No obstante, se necesita un cambio de mentalidad de los científicos y los empresarios, por una parte los científicos debemos de cambiar el cómodo laboratorio por la planta de producción o el barco, aplazar la publicación en revistas de impacto (yo creo que se pueden compatibilizar) e intentar comprender las necesidades de la empresa, pero el empresario debe también abrir sus puertas y confiar en el científico, hacerle partícipe de los problemas técnicos de la empresa y buscar nuevas oportunidades. Claro está que la administración tiene también que favorecer esta unión, mediante las ayudas fiscales a las empresas, los estímulos a los científicos, etc pero sobre todo creando ilusión en el sector, y también fomentando el consumo de pescado de acuicultura en la sociedad (no debemos olvidar que la balanza española de pescados es negativa en 2556 millones de euros), pero ese es otro tema.
Como conclusión, para innovar hace falta algo de dinero, pero hace más falta un entorno adecuado y una clara voluntad de innovar.