El otro día, durante la inauguración de la macro piscifactorías de rodaballos de Portugal, Manuel Fernández Sousa Faro, presidente del grupo Pescanova - quizás la mayor empresa pesquera del mundo -, con barcos repartidos por todos los continentes, nos aportó unos datos que deben servirnos para reflexionar. No porque sean nuevos datos, sino porque quien lo dice debe conocer bien el estado de los recursos marinos salvajes en los que pesca su flota.
Manuel Fernández Sousa Faro hizo la siguiente reflexión. Las capturas de pesca extractiva están estabilizadas en un entorno de 90 millones de TN anuales. Por otra parte, la población mundial crece a un ritmo del 6 por ciento, mientras que el consumo de productos del mar lo hace al 15 por ciento. Esto significa que el consumo de pescado está desplazando al de carne terrestre. La única solución para cubrir ese desfase debe producirse a través de la acuicultura.
Ahora bien, los europeos también debemos hacernos la siguiente reflexión. Si la acuicultura se encuentra en la Edad de Piedra, y en todas las regiones del mundo está creciendo esta modalidad de producción animal a un ritmo suficiente para cubrir la demanda, ¿Por qué en Europa no crece la acuicultura? ¿Es lógico que seamos dependientes de terceros países para poder alimentarnos con productos pesqueros?
La aportación de Europa es necesaria, ya que es un sector con un alto grado de innovación, recursos humanos especializados – dentro del sector primario - y generador de tecnología.
Tampoco faltan posibilidades de inversión, el problema a veces se encuentra en que la falta de agilidad administrativa, y las trabas burocráticas - que no es lo mismo que las exigencias que debe tener la Administración a cualquier inversión -. Estas trabas burocráticas muchas veces aburren a los capitales que buscan finalmente otros países donde el Estado se vuelca con la necesaria inversión hoy en día en el Mundo.
Algo debe cambiar en la determinación de las Autoridades europeas, y deben ser cambios efectivos, ya que de otra manera, Europa quedará relegada, “también”, en este sector, y finalmente seremos “engullidos” por las economías emergentes de Latinoamérica y Asia.
Podremos negar la importancia que debe tener esta nueva industria con toda la demagogia que encontremos por el camino, pero es bien cierto que el consumo de productos acuícolas sigue aumentando en Europa, porque a los consumidores les conviene, por frescura, precio, y disponibilidad.
Está también claro que en el futuro aumentaremos este consumo, aunque como vendrán de terceros países y no leeremos la etiqueta, seguiremos poniendo trabas al desarrollo en nuestras costas y ríos del sector.
Como despedida les dejo con el siguiente titular. Presidente de Brasil anuncia hoy la creación del Ministerio de Acuicultura y Pesca.
Como podéis ver, la acuicultura en Brasil va por delante de la pesca.